Orson Scott Card y El juego de Ender.

juego de ender

No soy un lector asiduo de la narrativa de ciencia ficción, sin embargo, siempre he sentido atracción por un género que suele recabar con bastante frecuencia en el cine con muy buenos resultados. En el caso de El juego de Ender, primero vi la película, que me sorprendió gratamente, razón por la cual decidí leer el libro en el que se basó, que resultó ser el primero de una larga serie. Aprovecho para comentar que la película, al contrario de lo que sucede a menudo, resulta ser bastante fiel al libro, si bien es cierto que su autor, Orson Scott Card, participó en la elaboración del guión.

Uno de los riesgos de la narrativa de ciencia ficción es que las circunstancias que el narrador propone pueden quedarse desfasadas conforme la novela envejece, creándose un curioso efecto de anacronismo en un tiempo que, con respecto al nuestro, todavía es futuro. Lo primero que me sorprendió del libro es que, pese a haber sido escrito a mediados de los años ochenta, no he encontrado ese anacronismo, antes al contrario, considerando el año en que esta obra se publicó, creo que contiene referencias bastante modernas y novedosas sobre la tecnología.

Al margen de esos detalles que menciono, que no dejan de ser mero atrezzo para la historia, lo más importante es, sin lugar a dudas, la reflexión que nos plantea su autor. La historia nos dibuja un mundo amenazado por una especie extraterrestre a la que lo humanos llaman “insectores”. Ya ha habido dos guerras previas (el autor hace una analogía indirecta con las dos Guerras Mundiales) en las que los insectores tuvieron que retirarse. Pero los militares encargados de la defensa de la Tierra temen que una tercera guerra sería una victoria segura de los insectores, que están rearmando su ejército de manera alarmante. Para evitarlo, se afanan en formar auténticos líderes, genios de la estrategia militar entre los que buscan a uno solo que despunte y que sea capaz de guiar a sus ejércitos hacia una victoria definitiva.
Ender es uno de los niños en los que los generales se fijan. Es un “tercero”, esto es, un niño al que han permitido nacer en una familia con dos hijos, puesto que las leyes de control de natalidad, restringen a un máximo de dos el número de hijos que pueden tenerse. La existencia de Ender está condicionada por la de sus dos hermanos, puesto que ambos fueron estudiados y examinados como posibles “elegidos” para conducir el ataque contra los insectores, pero pese a su destacada inteligencia fueron posteriormente desechados por diferentes motivos: en el caso del hermano mayor por un exceso de violencia y en el caso de la hermana porque paradójicamente le faltaba ese toque de agresividad necesario para dirigir una guerra.

En Ender, sin embargo, los militares creen hallar un compendio de las virtudes de sus hermanos y, a juzgar por las interminables pruebas a que lo someten desde niño, ninguno de sus defectos. Ender posee una extraordinaria intuición que le permite comprender cómo piensan sus adversarios. No sólo se limita a atacar, sino que antes de hacerlo trata de comprenderlos, los analiza, evalúa sus debilidades y, una vez hecho esto, hace lo posible para vencerles de un modo definitivo, lo que para Ender significa ganar de forma tan apabullante que a su rival no lo queden deseos de volver a enfrentarse a él.

De esta forma, el destino de Ender será manipulado en todo momento por los militares que se los llevan a la escuela de adiestramiento, y allí será sometido, desde el principio, a las pruebas más duras, haciéndole las cosas mucho más complicadas que a cualquiera de sus compañeros. El objetivo es que Ender aprenda a desenvolverse en un ambiente hostil en el que, desde el principio, tiene todas las de perder. Por edad, es uno de los niños más jóvenes y, por tanto, más débiles. Será su inteligencia y su intuición las que le guíen, con una rigurosa disciplina, hacia la superación de pruebas cada vez más arduas. Ender es rechazado por sus compañeros por diferentes motivos, a veces porque lo consideran una rémora, otras porque sus dotes de líder nato hacen cuestionar el dominio de quienes se creían líderes indiscutibles del grupo. Ender tiene que aprender a entrenar prácticamente por su cuenta con la ayuda de compañeros que son igual de inexpertos que él y, poco a poco, va ascendiendo y progresando a un nivel que nadie hasta entonces había alcanzado. La estrategia, las tácticas de ataque y defensa, el enfrentamiento sucesivo a diferentes batallones en principio mejor preparados y superiores al que él finalmente termina dirigiendo son hasta cierto punto, juegos de guerra, simulaciones inofensivas en las que nadie sale herido. Sólo se trata de ganar sabiendo que no habrá víctimas. Las batallas se reducen a conseguir puntos, como en una liga de juego, demostrar que su equipo está por encima de cualquiera, y que es capaz de vencer incluso luchando con inferioridad numérica, o siendo convocados a una batalla cuando recién han terminado otra y están exhaustos.
El enfrentamiento final con Bonzo, su antiguo líder desemboca en una pelea en la que deja malherido, al borde de la muerte a su rival. En ese momento sus instructores, con el coronel Graff a la cabeza, deciden llevarlo a la Escuela de Alto Mando, pero Ender está en estado de shock por el enfrentamiento con Bonzo y tienen que recurrir a su hermana Valentine para que le convenza de que vaya a la escuela de Alto Mando, donde recibirá la última fase, la más dura, de su adiestramiento, a cargo del almirante Mazer Rackham, que luchó en las dos guerras previas contra los insectores, antes de llevarlo a la batalla final.

Pero Ender sabe que tras toda aquella preparación, tendrá que llegar un momento decisivo en el que deberá enfrentarse de verdad. Para entonces la batalla ya no formará parte de un juego, sino que será real y entonces, se pregunta Ender, ¿podrá responder a los ataques con la misma frialdad? Sus tutores tratan de influirle diciéndole que piense en lo que pasaría si no toma ese camino: la Tierra sería tomada por los insectores y supondría el fin de la civilización conocida. Pese a todo, Ender se sigue haciendo preguntas, su cabeza es un hervidero de dudas y plantea la posibilidad de una solución negociada. ¿Por qué no intentar entender a su enemigo, estudiarlo, antes de lanzar un ataque genocida? ¿Realmente es demasiado tarde para intentarlo? Este es el planteamiento ético que se hace el protagonista de la novela que parece abocado a una guerra sin marcha atrás y cuyo final toma un giro verdaderamente sorprendente.

El juego de Ender es, en definitiva una opción literaria muy recomendable que, además de entretener, nos hace pensar un poco. ¿Se atreven a jugar? Entonces, léanlo.

El juego de Ender. Orson Scott Card. Ediciones B

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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