Reseña de Rayuela, de Julio Cortázar: queremos tanto a Julio.

Portada de Rayuela, de Julio Cortázar

En mi opinión, quienes deseen acercarse a la obra de Julio Cortázar deben hacerlo preferentemente a través de sus numerosos cuentos. Pocos escritores ha habido que tengan la originalidad, el encanto y el talento de Julio Cortázar con los relatos cortos. Relatos que, como el resto de su obra nos han hecho a muchos de sus lectores quererlo tanto de forma incondicional.

Sin embargo, hay que reconocer que fue Rayuela, la novela que hoy pretendo reseñar, su obra más emblemática, la que lo consagró y lo ubicó, definitivamente, entre los mejores escritores hispanoamericanos de todos los tiempos.

Publicada en 1963, Rayuela es una novela escrita con ritmo de jazz y alma filosófica que, tras más de sesenta años, no ha dejado de cautivar a los lectores.

Aunque Julio Cortázar la concibió como una novela para un público más bien maduro, de más de cincuenta años, lo cierto es que Rayuela tiene la cualidad de deslumbrar, y eso hace que los lectores más jóvenes tengan más facilidad para quedar impresionados con los malabarismos literarios con que Julio Cortázar nos deleita en esta novela.

Y esa capacidad de epatar no se debe solo al argumento de Rayuela, sino también a su estilo disruptivo y provocador. A continuación, comentaremos algunos detalles sobre esta obra que no debe dejar de ser leída por quienes aman la buena literatura.

Un personaje en busca de su centro

Si tuviéramos que contar el argumento de Rayuela, podríamos decir que se trata de la búsqueda que lleva adelante su protagonista, Horacio Oliveira. Ahora bien ¿en qué consiste esta búsqueda? ¿Cuál es su propósito? La respuesta es que Horacio Oliveira busca su propio centro, su eje, su razón de ser en el mundo. O dicho de otra forma, es una búsqueda de sí mismo.

En el proceso, Horacio Oliveira habitará primero en París y de ahí pasará a Buenos Aires. Será en París donde Horacio pase sus días bebiendo, filosofando, hablando de arte y literatura y escuchando jazz con un grupo de amigos que se auto denomina «El Club de la Serpiente«.

El club de la serpiente y Morelli

Entre las numerosas conversaciones que mantienen los integrantes de este club, están las relacionadas con un artista llamado Morelli, que algunos han querido ver como un alter ego de Julio Cortázar. Morelli tiene la peculiaridad de salir en una parte del libro denominada “De otros lados” que, dentro de la arquitectura de la novela forma parte de lo que Julio Cortázar denominó los “capítulos prescindibles”.

Pero entre los miembros del club (Ossip, Wong, Ronald, Babs, Étienne, Guy, Horacio y La Maga) además de la amistad que los une, también existe algo parecido al amor entre algunos de sus miembros, incluyendo al propio Horacio, que se siente irremediablemente atraído por La Maga. Es un sentimiento ambiguo que confunde a nuestro protagonista, y la causa de ese estado de confusión es Lucía, a quien todos conocen con el sobrenombre de La Maga.

Horacio y La Maga tienen personalidades totalmente contrapuestas. Sin embargo, ambos se atraen mutuamente. Por momentos, La Maga logra alejar a Horacio de sus pensamientos y su obsesiva racionalidad para dejarse caer en el desorden de la emoción y la espontaneidad. Sin embargo, no lo logra del todo y tras su separación, Horacio decida volver a Argentina.

Entre París y Buenos Aires

La primera parte de Rayuela («Del lado de allá») se sitúa en París. Oliveira deambula pensativo por las calles de la ciudad de las luces en busca de su propio eje, sin lograr encontrarlo. Diversas historias se tejen alrededor de él, de la Maga y de los otros integrantes del Club de la Serpiente, quienes por las noches se juntan a escuchar jazz, beber y debatir sobre la vida y sus conflictos.

La historia de amor entre Horacio y La Maga es el punto central de esta parte. La relación de La Maga con su bebé al que llama Rocamadour determina la relación existente entre ella y Oliveira y conduce al personaje principal a su primera crisis existencial.

La segunda parte de esta novela (“Del lado de acá”) nos presenta a un Horacio que ha decidido regresar a Buenos Aires, su ciudad natal, para reencontrarse con sus amigos de toda la vida. La búsqueda no ha cesado y es la misma, pero cambia el escenario y los personajes que componen la trama. Los conflictos internos siguen aquejando a Horacio quien no desiste de su empeño por encontrar su centro.

Horacio Oliveira busca en Buenos Aires a La Maga, de la que se separó en París después de un suceso dramático que marcó las vidas de ambos. Horacio la buscará primero en Montevideo, ciudad natal de La Maga, y luego en Buenos Aires. Allí Horacio se encuentra con Talita y Traveler unos nuevos amigos qué le influencian para que su vida tomé giros inesperados.

Por extrañas circunstancias, Horacio termina trabajando en un circo y luego en una clínica psiquiátrica, lugar en el que se acentúan los rasgos depresivos de su personalidad teniendo una segunda crisis que lo lleva hasta las puertas del suicidio.

Las distintas formas de leer Rayuela

Si bien Rayuela ya es toda una obra de arte en sí misma, Julio Cortázar quiso organizar la novela de tal manera que el lector fuera partícipe de su creación. No quería lectores pasivos sino, por el contrario, muy activos y críticos al mismo tiempo. Por eso, propuso dos maneras de leer Rayuela. La primera es la tradicional, la que lleva a leer la obra linealmente desde el capítulo 1 hasta el 56, que incluye las partes tituladas “Del lado de allá” y “Del lado de acá”.

Sin embargo, hay otra manera, a nuestro entender, más superadora y apasionante. Se trata de leer los capítulos comenzando por el primero y siguiendo el orden que se indica al finalizar cada uno de ellos. Esto lleva a intercalar textos de esos “capítulos prescindibles” que de la manera lineal quedan excluidos (la parte titulada «De otros lados»). De esta forma, la historia se nutre, se enriquece y se potencia maravillosamente de la mano del tablero de dirección propuesto por el autor.

Este tipo de rupturas en las que cada lector puede inferir tanto razones como resultados, hacen que Rayuela se convierta en un “artefacto literario” o una “antinovela” en la que la linealidad de la lectura se rompe por completo, ya que el relato contiene sucesivas analepsis y prolepsis.

En Rayuela Julio Cortázar propone la búsqueda de un mapa para encontrar un tesoro buscando que quien lea su obra despierte hacia una especie de ambición lectora, en la que se puede acercar y leer o interpretar los diversos finales de acuerdo con el momento psicológico que viva el lector.

Otras innovaciones literarias en Rayuela

Además, en Rayuela Julio Cortázar presenta al público una nueva lengua, el gíglico, en la que se codifica la relación amorosa entre La Maga y Horacio Oliveira. El capítulo 68 es quizá el ejemplo más significativo del empleo de este lenguaje inventado por Cortázar. Sirva esta cita de dicho capítulo de ejemplo:

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las anillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Conclusión

Rayuela proporciona un sentido literario y narrativo que permite al lector desarrollar una nueva cantidad de universos creativos y existenciales. El lector de Rayuela encontrará diversas formas de recrear la historia, convirtiéndose en un juego infinito.

Julio Cortázar nos enfrenta, a través de Rayuela, a un mundo que se nos hace familiar. Sus personajes, sobre todo Horacio Oliveira, se plantean los mismos interrogantes que en algún momento de nuestra vida todos nos hemos planteado. Una hermosa manera de narrar y establecer paralelismos con aquel juego de la infancia que nos llevaba a lanzar una piedra para intentar llegar desde la tierra hasta el cielo. Un cielo que puede y debe ser encontrado en esta vida. Rayuela es una obra ineludible no solo para aquellos que quieran conocer a Cortázar, sino también para quienes deseen conocerse un poco más a sí mismos.

Rayuela. Julio Cortázar. Editorial Sudamericana.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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