Stoner. John Williams: La vida como posibilidad y elección

Stoner de John Williams. Reseña de Cicutadry

Es asombrosa la capacidad que tienen los escritores norteamericanos para retratar la vida cotidiana de las personas sin caer en un realismo chato sino, todo lo contrario, prestando interés a historias que, por sí mismas, no parecen interesantes. Uno de los grandes ejemplos en este sentido que nos dio la narrativa norteamericana del siglo XX fue la novela Stoner, de John Williams. Incluso el título y el nombre del escritor no parecen prometer nada brillante y sin embargo…

La identificación con el personaje

Sin embargo, Stoner es de esas novelas que se leen tanto como se disfrutan, se paladean, satisfacen el ego interno del lector porque éste se identifica inmediatamente con la historia que imaginó John Williams.

Stoner es el apellido de un hombre; podríamos decir que de un hombre cualquiera si fuéramos capaces de entender que no existen hombres ni mujeres cualquiera, sino que cada persona lleva dentro unas posibilidades que, a lo largo de la vida, se desarrollan o no, dependiendo de la propia persona y de sus circunstancias.

De esta premisa parte John Williams: toda persona es un haz de posibilidades; él lo convirtió, en esta ocasión, en personaje, William Stoner. Hay que suponer que John Williams sabía lo que se hacía cuando emprendió la composición de su novela: cualquier lector podía identificarse con su personaje. Y lo que es más importante: con sus circunstancias.

Yo soy yo y mi circunstancia

La famosa afirmación de Ortega y Gasset toma aquí una profunda importancia, porque frente a tantas novelas en las que el personaje parece vivir (o moldear) su vida a su capricho, John Williams propone algo mucho más difícil de plasmar en una obra de ficción, pero también mucho más veraz: las circunstancias hacen a la persona.

Para ello el escritor norteamericano plantea la novela de una forma aparentemente muy convencional pero necesaria para su propósito: seguiremos a su personaje, William Stoner, desde su nacimiento hasta su muerte. Los grandes novelistas del siglo XIX lo hacían así y los resultados fueron excelentes. El siglo XX pareció exigir otro tipo de tratamiento narrativo –por ejemplo, el Ulises de Joyce, a pesar de su exagerada extensión, se desarrolla solo en un día, como ocurre con Mrs. Dalloway de Virginia Woolf-, pero acotar el tiempo narrativo es poco recomendable si lo que deseamos es comprender lo más profundo del ser humano.

Y en este caso, como ocurre en la realidad, observamos que las circunstancias lo son todo en la vida de una persona. Stoner nace en el seno de una humilde familia que se dedica a la agricultura, en un estado norteamericano con muy pocas posibilidades para soñar con el éxito, con el American Way of Life. Su vida también atravesará dos guerras mundiales.

Aciertos y fracasos de la vida

De repente, en esa circunstancia que no promete nada, un día su padre –un hombre sin estudios- le propone calladamente que vaya a la universidad más cercana para formarse en una carrera de estudios sobre la agricultura. De alguna manera, el padre lo que desea es que su hijo pueda tener más amplitud de posibilidades que él ha tenido a la hora de trabajar la tierra.

No obstante, aunque Stoner inicie esa carrera con la misma impasibilidad con que su padre se la propuso, terminará seducido por la literatura. Como suele ocurrir, un profesor atrae su atención sobre una materia determinada, e ineludiblemente, marca la vida del joven Stoner.

John Williams tiene la habilidad de que estas circunstancias, estas encrucijadas en el camino que todos los humanos tenemos en diversos momentos de nuestra vida, parezcan lo que son, fortuitas, hijas del azar, y de alguna forma, cuando vemos que el personaje tira hacia un camino imprevisto en principio, tengamos la sensación de que ha dejado de vivir otra vida que, a lo mejor, le prometía más felicidad.

Las malas compañías

Igualmente, el escritor se fija en las compañías que una persona tiene a lo largo de su vida. En primer lugar los amigos. En este caso, como en la vida misma, los amigos tendrán una relativa importancia en el devenir de Stoner. Leyendo esta novela uno recuerda esos libros en los que un personaje es decisivo para otro; pero la vida no es así.

Los amigos de Stoner serán importantes, sí, pero nada más. Sin embargo, Williams coloca a su personaje en una de esas encrucijadas fundamentales que casi toda persona pasa: el instante del enamoramiento. En el caso de Stoner, las circunstancias lo arrastran. Lo que para cualquier persona real sería una suerte –que la primera mujer en la que se fija termine casándose con él-, en el caso de Stoner es absolutamente imprevisible.

Una bella y callada joven, Edith, entrará en su vida. Lo que acontece cuando una persona entra en la vida de otra es digno de estudiarse en esta formidable novela. Aparentemente es una mujer dulce, tierna, culta. Lo que Stoner descubrirá con posterioridad es escalofriante. Nadie sabe con quién se acuesta la primera vez que se acuesta.

La vida como un devenir

Otras de las circunstancias con las que se encuentra cualquier ser humano es su trabajo. En el caso de Stoner derivará hacia una cátedra de literatura que asumirá con la misma modestia que hace todo en su vida.

Las compañías con las que se cruza también serán importantes: profesores que animan, profesores que estúpidamente se convierten en enemigos de por vida, alumnos que marcan negativamente, alumnas que se convierten en una pequeña joya que albergar para siempre en el corazón.

Son personas que se atraviesan en un momento dado y que hacen que la vida se pueda ver como un devenir, como un río que fluye pero que se mantiene dentro de un cauce que es la rutina. John Williams tiene la precisión asombrosa de un reloj a la hora de mostrar milimétricamente esa rutina sin caer en el aburrimiento ni en la repetición.

La vida como elección

Cuando el lector ya ha avanzado en la lectura de la novela se encuentra dentro de una maraña de circunstancias personales y laborales del personaje que quizás no son muy diferentes a la que podemos vivir en propia carne.

El gran atractivo de esta novela es que llama la atención sobre un aspecto en el que, por lo general, la narrativa no suele detenerse: la libertad de elección de todo ser humano.

Es un aspecto implícito en toda vida humana y, sin embargo, ha sido muy poco novelado. Stoner es quizás de las mejores novelas que jamás se han escrito acerca de la libertad individual. No esa libertad grandilocuente de los grandes personajes que lo llevan a vivir grandes acontecimientos, sino la modesta elección en determinados momentos que marcan toda una vida.

Un personaje nada virtual

William Stoner tiene una personalidad, unos patrones psicológicos muy claros, como cualquier ser humano, y sobre esos patrones de conducta tomará –o no- las decisiones que él cree que le conviene en cada instante.

De esas decisiones, de esa elección dentro de unas posibilidades, resultará una serie de consecuencias vitales, muchas de ellas no deseadas o dolorosas; otras inocuas y, en ocasiones, felices.

Sobre ese agujero negro de la narrativa, que es la libertad de elegir, John Williams funda su historia y el propósito de su novela. Hay que decir que la propuesta era complicada y que la resolución es sumamente brillante. Tal vez a lectores agitados que solo vibran con grandes hechos poco realistas, esta novela no les diga nada, pero para el lector adulto y maduro, no solo como lector sino como persona, este libro será todo un descubrimiento. Pocas veces la ficción ha sido tan demoledora como lo es la realidad de cada día.

Stoner. John Williams. Ediciones Baile del Sol.

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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