Thomas el oscuro. Maurice Blanchot: La experiencia de la muerte

Thomas el oscuro de Maurice Blanchot, Reseña de Cicutadry

Maurice Blanchot fue un escritor e intelectual francés, poco conocido fuera de su país, con una escasa pero impecable trayectoria literaia. Perteneció a esa estirpe de autores (la mayoría, franceses) que se adentró en el estudio de los entresijos del lenguaje, con el consiguiente peaje literario que esto conlleva.

Quiere esto decir que los lectores de novelas, por lo general, prefieren que le cuenten una historia a que le destripen los mecanismos lingüísticos utilizados como problema por el escritor, un problema que normalmente solo suele ver él. Afortunadamente, el lenguaje de Blanchot adquirió una dimensión poética muy difícil de igualar en su novela de 1941, Thomas el oscuro.

Kafka de fondo

Aunque la mayor influencia que tuvo Maurice Blanchot a la hora de entender la literatura fue Martin Heidegger, no cabe duda que fue suavizada por el conocimiento de la obra de Kafka.

Del filósofo alemán tomó su compleja metafísica, que vertió en su obra literaria de una forma curiosa: las novelas, y sobre todo los relatos, de Maurice Blanchot entran de lleno en la profundidad del ser, un ser estable, motivo de estudio, que hace que en sus novelas apenas haya trama o argumento pero, lo sorprendente, es que también tomó de Heidegger el concepto de la nada, mucho más difícil de trabajar en literatura.

Ahí es donde aparece Kafka, puesto que en los escritos del escritor checo hay un evidente sentido de la ausencia, del vacío, que sin embargo dota de sentido al relato. El ejemplo de Kafka, su atmósfera onírica, ayuda a comprender los motivos subyacentes que se hayan bajo los textos de Blanchot.

La experiencia de la muerte

Hemos escogido Thomas el oscuro como novela señera de Maurice Blanchot, ya que tanto en la forma como en el fondo, ilustra a la perfección las inquietudes del autor francés.

La novela es muy compleja para ser resumida en pocas palabras, pero para que el lector pueda comprender de alguna forma su argumento, diremos que Thomas el oscuro trata del momento en el que acaece la muerte, el momento exacto de morir, tanto para la persona que fallece como para quien la sobrevive.

Incluso en el caso de Thomas, el personaje central de la novela, parece que se den los dos casos: conoce la experiencia de la muerte de su amada y también muere él en el relato, o creemos que muere, porque este hecho está narrado antes de asistir a la muerte de la joven Anne, lo que puede entenderse como una licencia del escritor, que rompe la lógica temporal, o bien podemos suponer que asiste a otra muerte una vez muerto él. En cualquier caso, este hecho no influye –entiendo- para nada en la comprensión del texto.

La experiencia de la ausencia

La muerte es, por definición, una ausencia. También puede ser una pérdida –la pérdida irremplazable de otra persona-, pero el concepto de pérdida está incluido en la experiencia de la ausencia, puesto que ésta se produce tanto en la muerte ajena como en la propia.

Tomemos un ejemplo escogido de las páginas de Thomas el oscuro. Asistimos al momento de la muerte de Anne, la chica amada por Thomas. Veamos cómo se vacían de sentido los sentimientos ante el instante en que la protagonista va a expirar:

Tenía el rostro vuelto hacia ellos como si hubiera querido verlos hasta el último momento. Todo lo que había que hacer, ella lo hacía. Como todo moribundo, se iba observando los ritos, perdonando a sus enemigos, amando a sus amigos, sin confesar, secreto que nadie confiesa, que todo aquello era ya insignificante. Ella no tenía ya importancia. Les miraba con una mirada cada vez más modesta, con una mirada sencilla que para ellos, humanos, era una mirada vacía. Les apretaba la mano cada vez más débilmente, con una presión que no dejaba señal, presión para ellos insensible. No hablaba. Aquellos últimos instantes no debían dejar ningún recuerdo. Su rostro, sus hombros, debían hacerse invisibles, como conviene a algo que se desvanece. Su madre gemía: «Anne, ¿me reconoces? Respóndeme, apriétame la mano». Anne oía aquella voz: todo es inútil, su madre no era más que un ser insignificante. Oía también a Thomas; precisamente ahora sabía lo que había que decir a Thomas, conocía exactamente las palabras que toda su vida había buscado para estar a su nivel. Pero callaba, pensaba: todo es inútil -estas palabras eran también las palabras que buscaba-, Thomas es insignificante. Durmamos.

Decía Maurice Blanchot que escribir es preservar la ausencia contra toda usurpación. No es de extrañar que el famoso psicoanalista Jacques Lacan encontrara en Thomas el oscuro un filón para estudiar e interpretar ciertas imágenes relacionadas con la angustia y el vacío.

Verse en muerte

Otra característica de Thomas el oscuro es la capacidad que el autor mostró para referirse a la experiencia de la propia muerte.

Al contrario de la escena que hemos transcrito más arriba, en el caso de Thomas, éste observa su propia muerte como algo que le está ocurriendo a otro. Es más: observa su muerte como un momento en que no deja de ser él mismo, sino un ser lleno de ausencias, al margen de la vida tal como la entendemos, pero que continúa sus tareas como si nada hubiera pasado.

En el siguiente párrafo veremos lo que narra Thomas cuando, nadando en alta mar, se siente desfallecer y, finalmente, muere:

El cansancio había desaparecido. Conservaba en los oídos algo así como el recuerdo de un zumbido y los ojos le escocían como era de esperar después de una larga permanencia en el agua salada. Se dio cuenta de ello cuando al volverse hacia la superficie infinita sobre la que se reflejaba el sol, trató de reconocer en qué dirección se había alejado. Una auténtica niebla le nublaba la vista y distinguía cualquier cosa en aquel vacío turbio que sus miradas atravesaban febrilmente. A fuerza de mirar, descubrió un hombre que nadaba a lo lejos, medio perdido bajo el horizonte. A semejante distancia el nadador se le perdía continuamente de vista. Lo veía, dejaba de verlo, y sin embargo tenía la sensación de seguir todas sus evoluciones: no sólo de percibirlo perfectamente en todo momento, sino incluso de sentirse cerca de él de un modo particularmente íntimo y como no hubiera podido estarlo por ningún otro contacto. Permaneció largo rato observando y esperando. Había en aquella contemplación algo doloroso, algo que era como la manifestación de una libertad obtenida por la ruptura de todos los lazos. Su semblante se turbó y adquirió una expresión inusitada.

A los seguidores de Borges les sonará esta experiencia de la muerte, puesto que guarda una estrecha relación con la doctrina del místico sueco Swedenborg. Quien muere se ve a sí mismo continuar su vida hasta que los hechos comienzan a distorsionarse y finalmente unas personas, unos amigos –en realidad, ángeles- advierten a la persona que ha muerto. Sin hacerlo notar explícitamente, Maurice Blanchot parece hacer un guiño a esta curiosa –y atractiva- doctrina escatológica.

El infinito y el  Universo

Este concepto de la muerte va unido, en Thomas el oscuro, a la idea de que, al morir, nos convertimos en parte del universo; en definitiva, seguimos siendo lo que éramos, pero diferentes en esencia.

Para trasladar esa idea al papel, Maurice Blanchot utilizó un lenguaje vibrante, preciso, poético y a la vez nada difícil de entender, en este tour de force que es la novela Thomas el oscuro. Expresar lo inexpresable solo está al alcance de unos pocos escritores, y Maurice Blanchot se encuentra entre ellos.

Compruébenlo ustedes en este singular pasaje, en el que Thomas toma conciencia de la pérdida de su amada Anne:

Estoy triste, la noche se acerca. Pero siento también lo contrario de la tristeza. Me encuentro en ese momento en que basta con experimentar un poco de melancolía para sentir odio y alegría a la vez. Siento ternura, no sólo por los hombres sino también por sus pasiones. Los amo amando los sentimientos por los que se los hubiera podido amar. Les aporto en segundo grado la devoción y la vida: para separarnos basta con lo que nos habría unido, la amistad, el amor. En el fondo de mí, cuando termina el día, se depositan extrañas emociones. Me amo a mí mismo con un ánimo detestable, me calmo con el temor, saboreo la vida con el sentimiento de quien está privado de ella. Todas estas pasiones, agolpadas en mí, producen lo que soy y el universo entero consume su furia para hacerme sentir vagamente como un ser insensible. Ahora la calma desciende con la noche. No puedo nombrar ningún sentimiento más. El estado en el que me encuentro podría llamarlo impasibilidad, pero también fuego. Lo que siento es la fuente de todo lo sentido, el origen que se cree insensible; es el movimiento indiscernible del placer y de la repulsión. Pues, a decir verdad, no siento nada.

Lo que viene a sostener Maurice Blanchot a lo largo de Thomas el oscuro es que, tanto en vida como en muerte, formamos parte del universo, pero mientras que en vida nos distraemos con hechos, sentimientos y emociones –que en realidad nos alejan de la ausencia del universo-, cuando morimos, o cuando asistimos a la pérdida de un ser querido, conectamos directamente con la insensibilidad del universo, nos adentramos en su esencia, nos alejamos de lo que entendemos como humano.

Podrán decir que estas cuestiones son más propias del ensayo filosófico que de la literatura. Ahí reside precisamente la gran aportación de Blanchot: si en la novela todo cabe, también puede narrarse la muerte como un hecho novelesco sin perder su propia esencia desnuda, desgarradora y final.

El lenguaje de Maurice Blanchot

Expresar este vacío, esta ausencia del ser de dimensiones universales, no es fácil sin que al lector se le caiga la novela de las manos. Requiere de un esfuerzo de tensión considerable por parte del escritor, tensión que Maurice Blanchot logró mantener con brillantez.

Como decíamos más arriba, el lenguaje de Blanchot es aparentemente poético, por la sencilla razón de que no puede ser de otra manera. Cuando habitualmente nos referimos a un lenguaje poético en una novela suele ser sinónimo de tostón infumable; sin embargo, en el caso de Thomas el oscuro el lenguaje poético está más conectado con la necesidad de expresar con las palabras exactas y precisas aquellas percepciones que, de otra forma, sería imposible transmitir.

Tal vez la brevedad de la novela –menos de 100 páginas- colabore a alejar la sensación de cansancio ante un texto con tal grado de concentrada significación. En cualquier caso, animo a los lectores a que vivan una nueva experiencia de lectura con esta novela diferente a cualquier otra que pueda caer en sus manos.

Thomas el oscuro. Maurice Blanchot. PreTextos

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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