Un amor, de Sara Mesa: la improbable huida de la vulnerabilidad

Ningún lugar está lo suficientemente lejos o es tan recóndito como para poder escondernos de nuestros temores más íntimos: aquellos que conforman la vergüenza, la culpa, los errores y los fracasos de cada cual o, lo que es lo mismo, todo aquello que nos hace más vulnerables. Esta parece ser la premisa de la extraordinaria novela de Sara Mesa titulada Un amor.

Una huida hacia ninguna parte.

En sus primeras páginas Sara Mesa nos presenta a  Nat, la protagonista, quien trata de refugiarse en un pueblo que se llama La Escapa, un nombre de localidad que ya constituye una metáfora de por sí. Más adelante sabremos que ese refugio es una huida de la vulnerabilidad que le acecha y que, como se intuye desde el comienzo, no la conduce a ninguna parte.

En Un amor, Nat se nos presenta como una traductora que parece atravesar una crisis. Al comienzo de la novela no sabemos todavía cuál es la culpa o el pecado que arrastra y que la han llevado hasta un pueblo perdido para alquilar una casa aislada del núcleo urbano, en mitad de la nada, y que además se cae a pedazos.

Aparentemente, Nat busca un lugar tranquilo para poder realizar su primera traducción literaria por encargo de una editorial. Algo que hasta entonces no había hecho pues su trabajo anterior, según nos lo describe, era pura rutina: traducciones comerciales, correspondencia, ese tipo de cosas.

La hostilidad de los vecinos.

Nat tendrá que lidiar contra los habitantes de un pueblo que la miran como se suele mirar a un extraño: con desconfianza. Pero esa susceptibilidad hay veces que se convierte en auténtica hostilidad. Como la que le muestra, sin ir más lejos, su casero es un tipo maleducado y hosco que se niega a arreglar los desperfectos de la casa aduciendo que ya ha rebajado el alquiler.

Tanto en el casero como en el resto de la vecindad se percibe esa mirada suspicaz dirigida sin disimulo a una mujer que ha optado por vivir sola, y algo que Nat entiende como una decisión personal se percibe con prejuicios claramente machistas. Tal vez por ese sentimiento de extrañeza, el casero decide regalarle un perro, casi tan arisco como su amo, para aliviar la soledad de Nat o acaso para que se sienta protegida.

El intento de hacer de la casa un hogar.

Nat se esforzará en adecentar la casa como si fuera, más que una inquilina, su propietaria. Tiene la idea de sembrar un huerto, coloca plantas ornamentales, pinta la casa, intenta llevar a cabo pequeñas reparaciones. Entonces conoce a Píter, conocido como el hippy, quien será el primer amigo que hace en el pueblo y que  se ofrece amablemente a ayudarla. Será Píter el que la desaliente para plantar el huerto, pues la tierra es estéril y también le desaconseja que siga con ese perro, pues probablemente es un perro maltratado y nunca llegará a domesticarlo.

Precisamente será con una de las reparaciones que Natalia se verá obligada a hacer, un tejado por el que recalan las lluvias, debido a la renuencia del casero, cuando conocerá a Andreas, un tipo al que llaman el alemán y que se ofrece a ayudarla para reparar el tejado.

El comienzo del conflicto real.

La relación que se establecerá a partir de ese momento entre Nat y Andreas nacerá de un pacto un tanto perturbador. Sin embargo, pese a desde el comienzo se presiente que esa  relación no puede llevar a nada bueno, Nat sigue empeñada en mantenerla. Esta relación es la que sirve como excusa del título Un amor, que no deja de ser una ironía cruel de lo que sucederá después.

La relación entre Nat y Andreas se presupone secreta, pero Nat descubrirá, sorprendida, que todos saben que ella está con el alemán. Y eso la convierte, si cabe, en alguien más sospechoso. Sin embargo, esto a Nat no parece importarle. Cuando cree haber alcanzado un nivel de confianza aceptable, le cuenta a Andreas su secreto, su culpa, como también se lo contó en su día a Píter.

La diferencia entre las dos confesiones estriba en que la primera vez lo hace en un momento de confianza, y se arrepiente inmediatamente. En el caso de Andreas lo hace conscientemente, pues busca en él la comprensión, la redención, la complicidad, tal vez el cariño de su amante.

Pero en su lugar encuentra indiferencia de Andreas, que no entiende qué pretende Nat con esa actitud, ni está dispuesto a dárselo:

¿No le bastan los hechos?, le dice. ¿Los hechos por sí mismos? ¿Por qué necesita interpretarlo todo? ¿Adónde pretende llegar?

A partir de ese momento, el desengaño es inevitable:

Su relación con Andreas ha estado emponzoñada desde el principio. Fue la manera de empezar, esa que justamente la cautivó, la que se ha dado la vuelta mostrando sus costuras repugnantes. No es que antes fuese inocente y pura, pero al menos había partes –partes maliciosas, desconfiadas– que estaban dormidas. Ahora se han despertado. El daño crece, se ramifica dentro de ella

Pese a todo, Nat no termina de asumir que lo que ella creía una relación que controlaba, no fuese más que un espejismo. A partir de ese momento, Nat caerá en un agujero cada vez más profundo de frustración y desengaño acrecentado por la propia humillación a que se somete por su falta de dignidad. La humillación y una desgracia fortuita causada por su perro la arrastrarán hacia un abismo del que ya no podrá dar marcha atrás.

Tema y estilo de Un amor.

Se podría decir que el tema central de Un amor es la vulnerabilidad, pero también la necesidad y la dificultad para comunicarse. Nat parece hablar en un lenguaje que no es comprensible para los habitantes de La Escapa, aunque lo incomprensible, al menos para ella, es que no logren entenderla, y ahí radica el verdadero conflicto de la protagonista, el mismo que posiblemente le hizo huir, escaparse y que volverá a llevarla, al final de la novela, a un retorno al punto inicial.

He leído algunas críticas que dicen que Un amor tiene algo del estilo de Coetzee en Desgracia, y creo que llevan algo de razón. La sensación de angustia, de opresión y de fatalidad unidas al estilo seco que utiliza Sara Mesa acaso beba un poco de las fuentes de Coetzee. De lo que no hay duda es que Sara Mesa ha logrado una obra rotunda y contundente que sacude como un mazazo. Y todo ello son razones poderosas para leer este libro con interés y recomendar su lectura con entusiasmo.

Un amor. Sara Mesa. Editorial Anagrama.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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