Un mundo feliz. Aldous Huxley: La dictadura de la felicidad

aldous huxleyAldous Huxley (1894-1963) imaginó un mundo estable, en el que la gente fuera feliz. Un mundo en el que las personas tendrían lo que desearán y nunca desearían lo que no pudieran obtener. Se sentirían a gusto, a salvo, sin enfermedades, sin temor a la muerte, un mundo donde se ignorara la pasión y la vejez; un mundo sin padres ni madres que estorben, sin esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Un mundo lleno de hombres tan sumamente condicionados que apenas puedan obrar de otro modo que como deben obrar. Así es Un mundo feliz (1932), la novela que explica cómo es la dicha sin mácula y que desvirtúa todos los pensamientos de ese otro mundo desdichado que viven sus lectores, desconfiados ante una historia en la que parece que faltara algo, como si la desgracia fuera un ingrediente necesario en la vida.

Pero no es así, o parece no ser así. Sólo hace falta ser predestinados sin sentirse predestinados. ¿Es un mundo feliz aquel en el que uno hace lo que debe hacer sin plantearse por qué lo hace? Comprendemos a los protagonistas de esta excelente novela: falta el libre albedrío, ¿pero el libre albedrío es más importante que la misma felicidad? ¿Es el libre albedrío la felicidad?

La novela comienza de una manera que repugna necesariamente a los lectores: vemos cómo son fabricados los seres humanos: ya no hay madres ni padres, sino grandes máquinas que van fabricando personas según unos niveles o grados, las castas, que determinarán su futuro: uno nace dentro de la casta de quienes deciden, otros de quienes ejecutan, otros de los que tienen que trabajar incansablemente para que el mundo se pueda sentir feliz. Todo está programado desde el nacimiento hasta la muerte. Por supuesto, puede haber fallos, digamos que momentos de pequeña desdicha, pero para eso estará el soma, la droga perfecta que vuelve a los hombres caprichosamente felices, como niños que juegan a la más perfecta existencia.

En ese mundo perfecto que inventó Huxley no importa para nada el individuo: lo importante es la estabilidad social. No hay guerras, sólo paz, porque la sociedad se comporta exactamente como sus dirigentes quieren que se comporte. ¿Existe la dictadura de la felicidad? ¿Puede ser la felicidad una forma de dictadura? Comunidad, Identidad, Estabilidad, es la divisa planetaria. Millones de mellizos idénticos formados para que sean felices ellos mismos y hagan felices a los demás. El principio de la producción en masa aplicado a la biología. De hecho estamos en el 632 después de Ford, el gran estandarizador, el hombre que abrió las enormes fauces del consumismo y la uniformidad.  Y la producción en masa sólo es posible bajo un proyecto férreo: el secreto de la felicidad y la virtud es amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.

Para ello, en el Londres feliz que se levanta en esta novela, hay un método implacable: la hipnopedia, o el principio de la enseñanza durante el sueño. Miles de veces durante su vida la gente escuchará mientras duerme las premisas de lo que será su existencia: se le enseñará a odiar la Naturaleza, se le ordenará amar la sociedad por encima de todas las cosas, se le demandará que consuma todo lo posible. El condicionamiento como principio de necesidad: si se quiere mantener una sociedad feliz, hay que pagar el precio de la libertad.

Un mundo feliz no es una novela de ciencia ficción: es una novela de terror. En ese mundo están prohibidos la Biblia y las obras de Shakespeare, el amor maternal y la religión, Dios y la voluntad. No podemos creer que se pueda alcanzar la felicidad por estos medios, pero la novela será un buen argumento que nos contradiga: no hay una sola pieza en su trama que falle; todos son felices porque han sido hechos para ser felices. ¿No es la felicidad el mayor deseo de los hombres?

Ante ese dilema ha de contestarse el lector, pero Huxley se adelanta y nos presenta una Reserva de Salvajes, donde aún quedan personas que viven como antiguamente, como en la actualidad vivimos nosotros, y el reflejo que nos devuelve esa imagen también es aterradora: esos hombres y mujeres excluidos de la felicidad perfecta son el mejor ejemplo de que el mundo que ahora habitamos está muy lejos de ser perfecto, no sólo por las enfermedades y los vaivenes de los sentimientos, sino por el dolor que causa el pensamiento: la filosofía no nos hace más felices, parece decir el autor. No hay que preguntarse por la realidad, porque la realidad que tenemos delante es la que hay, no se puede apenas modificar, nuestra libertad nos sirve para muy poco. Leer Un mundo feliz es comprender que la vida dejó de ser completa desde el mismo momento en que nacimos, dentro de una familia y una sociedad concreta, con su pobreza o su riqueza, sus medios económicos escasos, su cultura opresora o displicente, sus miedos.

Aldous Huxley fue, ante todo, un escritor muy inteligente; Un mundo feliz es una novela, ante todo, inteligente, porque el lector, inevitablemente, compara ese mundo de ficción utópico y dichoso con el suyo presente, y el lector inteligente sabrá sacar sus propias conclusiones. Aldous Huxley consiguió escribir una novela que sería leída de una forma diferente por cada uno de sus lectores, desde los más complacientes a los más rebeldes: sólo de esta manera, será el propio lector el que pueda testimoniar, después de la lectura, en qué grado de felicidad vive dentro de su mundo.

Un mundo feliz. Aldous Huxley. Cátedra.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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