Ximena de dos caminos, de Laura Riesco: entre la cultura y la inocencia.

El caso de Laura Riesco en la literatura peruana merece ser comentado pues, al igual que ha sucedido con otras muchas escritoras de Hispanoamerica, Laura Riesco pasó desapercibida durante mucho tiempo. Entre su primera novela, publicada en 1978, y Ximena de dos caminos pasaron 16 años. Fue la publicación de esta novela la que llamó la atención de la crítica e hizo que su autora recibiese la consideración que merecía.

Sin embargo, Laura Riesco nunca se comportó de una forma pretenciosa. Fue profesora de Crítica Literaria en Estados Unidos y no se consideraba a sí misma una escritora sino que, de una forma mucho más modesta, se definía como “una mujer que escribía.

Un punto de vista muy femenino

Una de las virtudes de Ximena de dos caminos es que las historias se narran desde el punto de vista de una niña. La visión de una niña imaginativa e inquieta se contrapone a la visión más mundana de los adultos. En el caso de Ximena el mundo de los adultos está fundamentalmente compuesto por otras mujeres: su madre y las mujeres que sirven en su casa. De una forma más marginal aparece el padre de Ximena, que sirve, en este caso,  como contrapunto cultural, pues el padre representa al peruano de clase acomodada y de origen español, mientras que las criadas son todas de una clase más humilde y con origen indio.

Las diversas historias que se narran en Ximena de dos caminos transitan por ese doble mundo que viene a conformar en cierta forma las señas de identidad del Perú. Sin saberlo, Ximena llevará a cabo un descubrimiento de su propia identidad a través de las experiencias que irá recogiendo de todas las personas que la rodean y que representan esa doble cultura de Perú y, por extensión, de Hispanoamérica: la de los indios nativos y la de los españoles.

Los dos mundos de Ximena de dos caminos

Aunque no hay un propósito autobiográfico en las narraciones de Ximena de dos caminos, parece que hay ciertas coincidencias entre la vida de la protagonista y la de la autora. Laura Riesco nació en una localidad minera, bastante alejada de Lima y a una altitud de más de tres mil metros sobre el nivel del mar. Su padre, de origen español,  trabajaba como funcionario de esa explotación minera, mientras que su madre provenía de una región andina, en las montañas. Y al igual que Ximena, todas las criadas que había en su casa eran indígenas que sabían hablar en quechua.

Esos dos mundos tan diferentes son los que definen los “dos caminos” a los que referencia el título. Ximena convivirá entre el mundo hablado en español en donde imperan las normas del patriarca y la tradición oral que le llega a través de las mujeres indígenas que la cuidan. De estas aprenderá un mundo de historias mágicas, enigmáticas. Aunque también descubrirá otras historias que provienen del mundo paterno a través de los libros y sobre todo de las ilustraciones de esos libros cuyas palabras escritas apenas alcanza a entender.

La pequeña Ximena, sin embargo, no se deja afectar por las diferencias entre estos dos mundos, sino que más bien los observa desde un punto de vista inocente y positivo, y en cierto sentido contemporizador. Las diferencias culturales no solo son las que afectan al mundo de los adultos; también los niños tienen diferencias notables que se dejan ver incluso a través de los juegos. El machismo, la violencia a veces sutil, las emociones reprimidas, o el silencio impuesto a las mujeres son parte de ese bagaje que Ximena irá recogiendo en su viaje a través de esos dos mundos contrapuestos pero convergentes.

Una narración poco convencional

Ximena de dos caminos no es una novela al uso con argumento, nudo y desenlace. Está dividida en siete capítulos que casi podrían llegar a interpretarse como siete relatos, de no ser porque hay un cierto sentido unitario en ellos, y una cierta linealidad temporal, además de una serie de personajes comunes a todos ellos. Según la propia Laura Riesco afirmaba, Ximena de dos caminos es “una novela de textos”.

Como ya se ha dicho, las mujeres son las protagonistas principales de todas las historias de Ximena de dos caminos. Además de Ximena, su madre o de las criadas que cuidan de Ximena, las mujeres que desfilan por estos relatos son todas víctimas de una sociedad machista que impone sus normas acallando sus voces.

Estructura de Ximena de dos caminos

En uno de estos capítulos, titulado La ahijada, se narra la llegada a la casa de Ximena de una mujer joven y bella que se ha quedado embarazada. Para colmo de desgracias, el hombre está casado. Todo eso representa un estigma que es visto como algo vergonzoso para la madre de Ximena, que en cierto modo repudia a la muchacha, se avergüenza de ella, y siente que lo que le ha sucedido es solamente por su culpa. El trágico final de la muchacha cierra esta terrible historia de desamor, olvido y vergüenza.

En otro de los textos, titulado Los primos, Ximena recibe en su casa la visita de unos familiares, entre los que se encuentran un niño y una niña algo mayores que ella, y que son su primos. En este relato se nos muestra como el comportamiento del niño está dominado por el machismo imperante entonces. Y Laura Riesco nos muestra esto de una forma sutil pero magistral: a través de un, en apariencia, inocente juego que el primo plantea: Edmundo se atribuye el rol de alcalde y, por su parte, Ximena y Cintia son sus mujeres, le pertenecen, y tienen que acatar sus órdenes con sumisión, así que Edmundo les ordena que se desnuden para él.

En el capítulo titulado Alcinoe II o las tejedoras, se cuenta la historia de una tejedora que vive en el pueblo. La madre de Ximena considera que se trata de una mujer poco agraciada y a la hora de describirla entendemos que esa “fealdad” tiene ciertas connotaciones racistas, pues la describe como una mujer “pequeña y muy morena”. Para la madre de Ximena resulta incomprensible que la tejedora fuese capaz de seducir a un tal Samuel Robertson un empresario de éxito que, además de ser acomodado, era un hombre de buena planta, apuesto.

En el siguiente capítulo, titulado La costa, Laura Riesco vuelve a narrar con la misma sutileza la violencia sobre las mujeres. Las historias que se narran en este capítulo transcurren en un pequeño pueblo de la costa donde la familia de Ximena pasa el verano. Allí Ximena conocerá a una niña como ella que está amarrada a un árbol, y que corre de un lado a otro como una loca hasta que la cuerda no le permite continuar y tira de ella.

En este capítulo también conocemos a un personaje llamado don Serafino, dueño del hotel, a quien se nos presenta como un ser despreciable, un maltratador que ha matado a su mujer por unos celos injustificados y sin que haya sufrido ningún castigo por ello.

Don Serafino  tiene a una pareja de indios en un miserable cuartucho sin ventilación con la excusa de que no pueden pagar el alojamiento. Cuando la madre de Ximena lo descubre y trata de ayudarles, recurre a una muchacha que sabe quechua para poder comunicarse con la pareja y tratar de ayudarles. Pero la muchacha se excusa diciendo que ha olvidado el quechua, y que no puede ayudarla. Lo que se lee entre líneas en esta narración es que la muchacha siente vergüenza por hablar una lengua que parece guardar relación con el mundo de los pobres, de los perdedores, de los desheredados.

Conclusión de la obra

Al final de Ximena de dos caminos, en el texto La despedida, aparece otra clave del relato. Al intentar escribir su primera palabra aparece ante Ximena una mujer que escribe recuerdos imaginados y que requiere de ella para completarlos.

Este punto de la historia en que Ximena se encuentra con ella misma pero ya adulta es donde Ximena de dos caminos se puede enmarcar en el territorio de la metaficción, de tal forma que el lector se ve envuelto en esta extraña historia en la que el narrador se convierte en un compositor de la novela con dos focalizaciones, y dos protagonistas, la niña y la adulta.

Definitivamente Ximena de dos caminos es una obra imprescindible de la literatura hispanoamericana que nos hace pensar sobre el valor de la cultura indoamericana, y de cómo esta ha sido subvalorada, siendo realmente tan rica y diversa.

La paradoja de la ascendencia de Ximena de dos caminos y su punto de vista inocente sobre las historias de los otros personajes son una fábula acerca de la otredad, de los símbolos de cada cultura, de la riqueza de las culturas y por supuesto de cómo los niños se acercan a toda esta maravilla con los ojos bien abiertos, los oídos dispuestos y la mente abierta para aprender, sin importar su país o lugar de origen.

Por ello cabe al lector una gran reflexión acerca de su propia cultura, ¿Cuánto conoce de ella? ¿Cómo se identifica con ella? ¿Hasta dónde llegaría para defenderla? Un punto muy interesante que impedirá que Ximena de dos caminos sea borrada de la gran franja de la literatura contemporánea.

Ximena de dos caminos. Laura Riesco.  Editorial Lumen.

Reseñas sobre literatura hispanoamericana en Cicutadry:

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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