De amor y de hambre, de Julian MacLaren-Ross: el arte de la subsistencia.

Portada de De amor y de hambre

De Amor y de hambre, de Julian MacLaren-Ross, es una de esas novelas del periodo de entreguerras en las que se condensa de forma magistral las duras condiciones económicas que tuvieron que superar muchísimas familias que quedaron arruinadas tras la I Guerra Mundial y la posterior crisis de 1929. El propio autor, Julian MacLaren-Ross, vivió en sus carnes la penuria económica y laboral durante aquellos años que precedieron a la II Guerra Mundial y, en cierto modo, en muchos aspectos el personaje central de De amor y de hambre parece un trasunto del autor.

Por ejemplo, el protagonista, Richard Fanshawe, ha ido a vivir a Gran Bretaña desde la India, dejando atrás las colonias, algo que coincide en parte con el origen del escritor, cuya ascendencia por parte de madre era de la India. Otro ejemplo es que Fanshawe malvive como vendedor de aspiradoras a domicilio, profesión que también desempeñó Julian MacLaren-Ross.

Del hambre y la penuria

La trama de esta novela es muy sencilla. Richard Fanshawe trata de subsistir a duras penas con lo poco que saca de las escasas ventas que realiza. Tiene que acarrear todo el día con los equipos de aspiradoras con las que se presenta en hogares, casi siempre con visitas concertadas, para hacer demostraciones en las que, pese a su denodado esfuerzo por agradar a las amas de casa, no logra vender nada. Su sueldo depende de las comisiones, y las pocas que obtiene no le llegan para los gastos de subsistencia mínimos: el alquiler de su habitación, la comida, el transporte. Y mucho menos para otros gastos más superfluos como los cigarrillos o alguna cerveza esporádica.

Los compañeros de trabajo de Fanshawe son tan buscavidas como él mismo. Tramposos a los que no les importa estafar a su empleador con tal de conseguir unos pocos chelines con los que seguir tirando. No les importa ser descubiertos y despedidos, pues ellos viven día a día. Si les despiden, tienen la absurda esperanza de que pronto encontrarán otro trabajo que será mejor y lo cierto es que casi siempre son capaces de encontrar otro trabajo, pero casi siempre es para empeorar el anterior.

Uno de los principales puntos que dan interés a De amor y de hambre es esa lucha incierta y desigual del protagonista por subsistir a base de trampear, aplazando pagos o pagando partes insignificantes de sus múltiples deudas, que nunca llegan a menguar.

La atmósfera prebélica

De amor y de hambre proyecta una historia sencilla y triste. Y esto es no solo por las dificultades por las que pasa Richard Fanshawe  sino por la atmósfera que el autor retrata en la sociedad de entonces. En el libro se describe de forma sutil y certera la atmósfera que reinaba en Gran Bretaña los días inmediatos al esperado estallido de la II Guerra Mundial. El ambiente de pesimismo, tristeza y pobreza está magníficamente reflejado por Julian MacLaren-Ross. Ese pesimismo es transmitido, fundamentalmente por un protagonista que malvive en una pensión, lleno de deudas, con una vida solitaria, sintiéndose fracasado no solo profesionalmente, sino también con sus aspiraciones a escritor en las que ni siquiera él mismo llega a creer. “Cada vez que trato de ser yo mismo, fracaso”, confiesa Fanshawe en un momento de la novela. Sin embargo, pese a la dureza de esta declaración, el lector no aprecia un sentimiento de victimismo por parte del narrador, sino más bien una especie de asunción de la inevitabilidad.

Del amor

Como reza el título de esta novela, además de un personaje que trata subsistir, hay una historia de amor. Y se trata, además, de una historia de amor muy poco corriente, tanto por la situación que lo genera como por el resultado al que desemboca.

Julian MacLaren-Ross narra la historia de amor del mismo modo que la historia de penuria económica: con una ironía que quizá rebasa un punto esa famosa ironía inglesa, pues le da un toque de  mordacidad y sordidez a la historia, es decir, la ironía se convierte en cinismo. En cuanto a la historia de amor, es simple. Uno de los compañeros de trabajo de Fanshawe se alista a la tripulación de un barco con el objetivo de ahorrar todo su sueldo y regresar a casa con su mujer con la satisfacción de disponer del dinero para poder mantenerla. Pero antes de abandonar la ciudad le pide a Fanshwe, como su mejor amigo, que visite a su mujer en su ausencia con objeto de que no se sienta tan sola. Quiere que le de conversación, que la saque a pasear, que la distraiga en su ausencia. Esta idea le resulta a Fanshawe bastante estrambótica, por lo que se niega inicialmente. No se ve a sí mismo como una persona conversadora ni divertida para servir de compañía a la mujer de su amigo. Pero finalmente, por complacer a su amigo, acepta.

Como es natural, lo que comienza con visitas de cortesía que resultan muy incómodas a Fanshawe acaba convirtiéndose en un extraño y tortuoso romance con un final que quizá sorprenda al lector y que no voy a desvelar aquí.

El estilo de Julian MacLaren-Ross

De amor y de hambre es la novela de un escritor un tanto excéntrico cuya escritura, clara y precisa, transmite una potencia indudable. Julian MacLaren-Ross basa la mayor parte de esa fuerza narrativa en el diálogo y en ese sentido, las conversaciones entre los distintos personajes son magistrales. Sin necesidad de recurrir a filigranas literarias, MacLaren-Ross emplea en todo momento un lenguaje sintético, directo y rotundo pero que consigue claramente su objetivo: construir escenas sobre la pobreza y el ambiente prebélico de una forma clara y con las que el lector empatiza enseguida.

Julian MacLaren-Ross no es un escritor pretencioso y en ese sentido muestra desde el principio cuáles son sus cartas. No le importa usar un lenguaje despojado de adornos, ni parecer predecible en el desarrollo de la trama, aunque en más de una ocasión los giros sorprenderán al lector. MacLaren-Ross permanece fiel a sí mismo durante toda la novela usando un tono ácido, con situaciones en las que la tensión entre los distintos personajes está siempre latente. Y es esa tensión continua lo que mantendrá vivo el interés del lector.

En cierto sentido, De amor y de hambre guarda relación con otras novelas que la precedieron, como Berlín Alexanderplatz, Pequeño hombre ¿y ahora qué? o ¿Acaso no matan a los caballos? En todas ellas se retrata a una sociedad cruel, que tiene que hacer juegos malabares para poder sobrevivir.  De amor y de hambre merece ser recordada, al igual que todas esas obras antedichas nomo una obra testimonial de toda una época.

De amor y de hambre. Julian MacLaren-Ross. La bestia equilátera.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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