El inmoralista. André Gide: El individualista perplejo

El inmoralista


Saber liberarse no es nada, lo arduo es saber ser libre. Esta es la lección que André Gide (1869-1951) despliega en las páginas de El inmoralista (1902), una novela que nos propone una cuestión compleja que, sin embargo, no queda resuelta a lo largo del libro, pues como escribe el gran escritor francés en el prólogo, “en arte no hay problemas para los que la obra de arte no sea solución suficiente”.
Así, sin artificios, con una prosa limpia y precisa, Gide nos muestra la vida de Michel, el protagonista de la obra, desde el momento en que se ve obligado a casarse con una muchacha por el deseo de su padre moribundo. Michel nos cuenta que llegó a los veinticinco años sin haber mirado más que ruinas y libros, tratándose como colega con eruditos hombres de ciencia, sin tener idea alguna de que hubiese podido llevar una existencia distinta, ni que fuera posible vivir de otra manera.En el viaje de novios, perdidos en remotos pueblos de África, contrae la tuberculosis. Durante la convalecencia, descubre una nueva apreciación de la vida y decide empezar a escuchar su cuerpo, en detrimento de su espíritu. Será, sin duda, el punto de inflexión de su vida, o así al menos lo intuye rodeado de un territorio exuberante y unos colegiales en los que adivina un secreto sensual que hasta entonces él desconocía.Pronto comprenderemos que lo que realmente quiere es ser libre de toda obligación y entregarse al placer y a la belleza, dominado por un evidente despertar a la homosexualidad. Sin embargo no renuncia al amor por su mujer; sólo que lo entiende como una especie de piedad, una estima profunda por alguien que se preocupa por él y le hace la vida más feliz.A su vuelta a Francia, tras su larga agonía, ya descubre sin sorpresa que él ha cambiado: libros, maestros, amigos, se le aparecen como un peso acumulado, algo secundario y como aprendido, que la instrucción y la propia cultura ha dibujado por encima de su espíritu, sin su permiso. Pero no por ello muestra a los demás su descubrimiento, ni siquiera a su mujer, y día a día va exhibiendo una imagen cada vez más falsa de sí mismo.En París, tras algunos intentos por encontrar el nuevo sentido de su existencia, encuentra a un viejo amigo, Ménalque, que se muestra ante él como un guía indispensable para comprender su recién hallado camino. “Usted cree que posee, y es poseído”, le indica Ménalque, el verdadero inmoralista de esta historia, un hombre cuya filosofía se basa en el desprecio al pasado, en la creencia de que cada día le ofrece una nueva manera de ser feliz. ¿Qué puede esperarse de las enseñanzas de los demás, de lo establecido? El hombre es un ser absurdo que piensa que no obtendrá de sí mismo nada bueno si no es por la costumbre. Nadie se atreve a dar vuelta a la página, a renunciar a un modelo al que imitar. Es la agorafobia moral, la ley del miedo, el miedo a verse solo, la peor de las cobardías. La individualidad y la realización son sacrificados por la conformidad y la aceptación social.Hay en esta novela una gran influencia de las ideas de Nietzsche y también del ejemplo de Oscar Wilde. La consecución de la felicidad sólo parece alcanzarse cuando el hombre supera su propia cultura heredada y se entrega a la belleza, suprema forma de la dicha. Pero para ello, primero es necesario ser libre. ¿Logrará Michel la libertad deseada?, o dicho más genéricamente, ¿es posible liberarse de los hábitos adquiridos, de la educación recibida, del legado de nuestros padres? Michel cree haber llegado a establecer un yo verdadero pero, ¿cuánto hay que destruir para alcanzarlo?Aunque escrita en 1902, esta novela es de rabiosa actualidad, porque plantea una cuestión que aún nos encontramos en nuestros días: el conflicto entre individuo y colectividad, la capacidad real de ser libre en un mundo en el que parece que cada cosa está reglada hasta en el último detalle.Pero no crea el lector moderno que encontrará una solución a tan arduo dilema. Esta novela es la historia de una lucha. ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero?, parecen ser las preguntas que continuamente se plantea Michel a lo largo de las páginas. Ahí radica uno de los atractivos de esta obra: el lector tendrá que animarse a decidir si el protagonista se halla en el camino que le puede llevar a la felicidad, al encuentro consigo mismo. Porque lo que nadie quiere reconocer es que la destrucción de las reglas del juego puede dejarlo tan débil que, llegado el momento, no sepa qué hacer con su libertad.Inventarse a uno mismo: esa es la cuestión. Esta excelente novela de André Gide puede ayudarnos a comprender un poco mejor la compleja evolución de la existencia, ese ansia de renovación que todos llevamos dentro de nosotros. El inmoralista es una obra que nos ayuda a pensar y que, sin duda, nos hará disfrutar con su lectura.El inmoralista. André Gide. Debolsillo. 

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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