El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza: Un escritor en libertad

El misterio de la cripta embrujada. Eduardo Mendoza. Reseña de Cicutadry

El misterio de la cripta embrujada fue la segunda novela publicada por Eduardo Mendoza, en 1979. Con ella, el escritor barcelonés inauguraba la serie de novelas –hasta el momento, cinco- protagonizadas por un peculiar detective residente en un manicomio que posee la particularidad de no tener nombre, aunque Mendoza, cuando se refiere a él lo llama Ceferino. Habían pasado cuatro años desde que publicara La verdad sobre el caso Savolta, había recibido el Premio de la Crítica y la recepción de la obra había sido excelente, un punto de partida difícil de lidiar para un escritor primerizo que se enfrentaba a su segunda novela.

Tiempos convulsos

Eduardo Mendoza era, en ese tiempo, intérprete en las Naciones Unidas, en Nueva York, ciudad en la que decidió permanecer a pesar del éxito de su primer libro. Tras la publicación de La verdad sobre el caso Savolta, emprendió la redacción de una novela que tuviera un mayor calado, tomando a la ciudad de Barcelona como protagonista, a la manera de Balzac. Naturalmente, nos referimos a la redacción de La ciudad de los prodigios, que publicaría tiempo después.

Sin embargo, tal empresa superó sus primeras expectativas. Nueva York tenía numerosos atractivos para el escritor, a lo que se unió una crisis sentimental y hasta existencial. Enfangado en un proyecto que no terminaba de redondear, decidió tomarse unas vacaciones en España, en el verano de 1977.

Su visita a Barcelona coincidió con el día de la Diada. Ese año, un millón de catalanes salió a la calle al grito de Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomía y aquella fiesta la asimiló Mendoza de un modo muy especial. Alejado de su país, se reencontró con una España que no solo reclamaba libertad sino que la vivía intensamente en toda la ciudad.

La génesis de la novela

La euforia de las calles se la llevó consigo Mendoza a su vuelta a Nueva York y decidió aparcar la novela que estaba escribiendo. No olvidemos que La verdad sobre el caso Savolta se desarrollaba en la Barcelona de los años veinte y la obra que tenía entre manos, La ciudad de de los prodigios, volvía a retrotraerse en el tiempo al comenzar su andadura en 1888, año de la primera Exposición Universal.

Sin embargo, lo que Eduardo Mendoza había vivido en las calles de Barcelona le llevó a plantearse un relato actual de la ciudad, algo vivo, algo que coincidiera con su estado de ánimo al regresar a Nueva York.

Quiso el destino que acabara de leer una novela negra de Ross McDonald y que en su mente barruntara la idea de que a uno de los personajes de La verdad sobre el caso Savolta, el confidente Nemesio Cabra Gómez, podía sacarle mayor provecho narrativo. Con estas pocas premisas, Eduardo Mendoza lo que decidió, a fin de cuentas, fue aplicar a lo que mejor sabía hacer, escribir, una emoción que da excelentes frutos en el terreno literario: la libertad.

Un escritor en libertad

Lo mejor que le puede suceder a un escritor que está comenzando su carrera literaria es encontrar una voz propia. Eduardo Mendoza la había encontrado con su primera novela, pero las circunstancias lo llevaron a dar un paso más: ser un escritor auténtico.

La libertad que había vivido en Barcelona se transformó en libertad a la hora de escribir. Decidió ser él mismo, sin prejuicios ni bagajes literarios que lastraran su imaginación, y de resultas de ello, nació El misterio de la cripta embrujada.

Es necesario indicar que esta novela fue en su momento un hecho inaudito dentro de la literatura española. Apoltronada en lo vetusto, en un supuesto estilo preciosista, en grandes temas narrados sin la menor gracia, Eduardo Mendoza presentaba una manera fresca de narrar, absolutamente libre, sin preocupaciones argumentales, sin respeto siquiera a la verosimilitud del relato.

De hecho, El misterio de la cripta embrujada fue escrita en pocas semanas y de una forma impulsiva, es decir, conforme al autor se le iba ocurriendo, en una especie de escritura automática y eufórica. Contado así, podría parecer que el resultado fue fruto del azar, o del momento, y que pensada de otra manera más cabal, El misterio de la cripta embrujada sería una novela muy distinta de la que finalmente fue. Nada hay más lejos de la realidad.

Cervantes y la picaresca

Las raíces narrativas de Eduardo Mendoza son muy profundas. La verdad sobre el caso Savolta reveló a un autor dotado de una infinita fuente de recursos estilísticos y un profundo conocimiento de la literatura. Con esa libertad a la que nos hemos referido, Mendoza optó por convertir El misterio de la cripta embrujada en una moderna novela picaresca, con todo lo que ello supone desde el punto de vista argumental.

Las peripecias de este detective orate están enmarcadas en un contexto muy reconocible: la Barcelona de la Transición democrática. Si bien las aventuras detectivescas pueden resultar zarrapastrosas, debido sin duda a la personalidad del protagonista, los personajes están extraídos de la realidad y confieren al relato de una verosimilitud de la que, sin ellos, carecería por completo la novela.

Eduardo Mendoza, hábilmente, sabe mezclar la realidad más cruda con un aire de irrealidad que obtiene a través de la parodia. A ello contribuye, más que nada, el lenguaje del detective loco. Mendoza decidió que éste hablara una mezcla de lengua cervantina y argot tabernario, con resultados excelentes, y en muchos momentos, hilarantes. Si el humor ya aparecía de fondo en La verdad sobre el caso Savolta, en El misterio de la cripta embrujada es el vehículo que utiliza el autor de forma directa y sin ambages para presentarse en sociedad. Había nacido una nueva forma de narrar en la literatura española.

El mundo según Mendoza

El misterio de la cripta embrujada es, en realidad, la carta de presentación de Mendoza ante sus lectores. Su protagonista es el propio Mendoza disfrazado de detective no tan loco como él pretende que creamos. Hace más de 40 años que Mendoza comenzó a publicar y la perspectiva nos brinda el privilegio de observar esa forma de escribir tan peculiar del escritor barcelonés.

El detective orate es, como Mendoza, una persona instalada dentro de un mundo extraño, y de ese choque con la realidad, nace el humor. Es un recurso que viene utilizando el autor desde siempre, y después de haberlo escuchado en muchas entrevistas, y leído todo lo que ha escrito incluso fuera de la literatura, solo cabe la conclusión de que Mendoza es así, un elegante desarraigado que ve el mundo de una manera muy personal.

No obstante, aunque lo más destacable de El misterio de la cripta embrujada es el humor –y el inconfundible estilo de Mendoza-, la obra es una buena novela de detectives que resuelve un misterio de lo más interesante. Que el protagonista se maneje de una forma nada ortodoxa forma parte de esa libertad que se tomó Mendoza al escribir el libro. Precisamente este hecho eleva la novela por encima de la categoría un tanto secundaria de novela negra y hace posible ese milagro tan habitual en Mendoza que consiste en presentarnos, en la misma obra, varios niveles que aconsejan su lectura a lectores de todas las edades.

El misterio de la cripta embrujada. Eduardo Mendoza. Seix Barral.

Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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