Sobre los acantilados de mármol. Ernst Jünger: La mítica de la violencia

118.acantiladosLa parábola no es un género narrativo que haya tenido éxito en la literatura del siglo XX. Sobre los acantilados de mármol (Auf den Marmorklippen, 1939), es posible que sea una parábola, y así desde luego es como se acomete su crítica por parte de los lectores que han tenido acceso a ella. En concreto, una parábola sobre la violencia, un libro visionario sobre lo que iba a acontecer en Europa a partir del año de su publicación, 1939, y en Alemania, país de su autor, Ernst Jünger (1895-1998). Es opinión generalizada considerarlo un libro profético y visionario, como si de él se pudiera extraer una interpretación acertada de los hechos que después acaecieron.

Digo que esto es posible, pero las dobles lecturas no siempre le sientan bien a una novela. Puede que a ésta sí, que leída en clave nos llegue a emocionar su mensaje antibelicista y nos pueda sorprender su tono profético, pero me parece una explicación demasiado sencilla, e incluso gratuita, para una novela que se puede leer en su sentido más puramente narrativo, pues contiene todos los elementos literarios para ser considerada una obra maestra sin acudir a otras interpretaciones más peregrinas. La biografía del propio autor, como explicaré más adelante, creo que confirma mi tesis.

Ciñéndonos a la novela, hay que destacar que está escrita en un tono mítico, como los antiguos libros de leyenda. Sus personajes no se encuentran dibujados a la manera moderna, no conocemos su piscología apenas, y debemos guiarnos por intuiciones para penetrar en sus sentimientos. En definitiva, se describen por sus hechos. No hay ninguna referencia temporal ni física, no hay ninguna relación con el mundo real. Toda la historia se desenvuelve en un aura virginal y precisamente en ello se encuentra su encanto, porque Sobre los acantilados de mármol es, ante todo, un libro encantador, delicioso y emocionante. Apela directamente a los sentimientos más profundos del lector, lo mantiene en suspenso sin las ataduras del mundo real, de modo que todos los hechos, sin llegar a ser maravillosos, sí exhalan un misterio fecundo y sorprendente, diríamos que primitivo, porque está contado a la manera de los textos antiguos.

Estamos en un territorio mítico, Burgundia, en unas tierras que vienen a ser denominadas de forma genérica, como la Marina, la Alta Plana o la Campaña. Ya desde el principio sabemos que allí se vivía de una forma bucólica y feliz, y que todo aquello ha acabado para el personaje que cuenta la historia. Desde las primeras líneas, Jünger atrapa al lector en su red mágica, adelantándose al final de la historia, a la que accederemos a través de un gran flashback.

El protagonista innominado y su hermano Otón, viven en una ermita, retirados de un mundo que de por sí ya parece retirado de la realidad, es decir, del dolor y del sufrimiento. Júnger no repara en descripciones ensoñadoras de ese universo maravilloso en que viven los hermanos, y nos habla de las grandes fiestas donde los pobladores empinaban el codo como locos, bebiendo el vino que les da la tierra, disfrutando de bailes embriagadores y comidas opíparas, en una especie de paraíso donde todos los hombres viven felices y sin problemas. Hay que decir que este panorama extraordinario está contado con la suficiente sencillez y veracidad para que no resulte empalagoso al lector: no es solo que la población viva así, sino que viene a decir que así es como debería vivir siempre, sin preocupaciones, más allá de las naturales que acometen al ser humano.

En la ermita, los hermanos se dedican a poco más que la contemplación, sin que parezca que tengan otras necesidades en la vida. Su interés se centra en la botánica, y para ello se hallan completando un inmenso herbario que recoge todas las especies del territorio. También hay un lugar para el pensamiento, y en la biblioteca se dedican a leer y releer los grandes libros de la historia y a discutir sus enseñanzas. Otros personajes que asoman por las páginas, son del mismo jaez. Es de destacar la figura de un monje cristiano, a cuyo amor a las plantas se une un sentido común y una sabiduría prodigiosas, y que aparece como el personaje más luminoso del libro.

Sin embargo, también se destaca la figura oscura del Guardabosques Mayor, un ser vil y ambicioso, que desea extender su poder por todo el territorio. En él se encontrará el germen de la violencia y la destrucción. Lo más destacable de este personaje (que sin embargo apenas aparece en la obra) es su poder de convicción y de convocatoria, su carisma: toda la hez del territorio se encuentra prendada de sus palabras, de la promesa de hechos nefastos, de sus ansias de poder. No es el Guardabosques mayor el personaje maléfico de la novela: más bien, son todos aquellos que se dejan cautivar por sus palabras, los que siguen sus doctrinas, los ejecutores de su sed de violencia.

Poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos vamos adentrando en un mundo perverso, degenerado, pesimista, en el que el pillaje se hace dueño de la situación, en el que la sangre pasa a ser la protagonista. No hay ninguna batalla en este libro, sino simples escaramuzas que, no obstante, se relatan de una manera descarnada, cruel. Toda la historia se va decantando hacia un plano inclinado de tintes oscuros, apocalípticos, enmarcados en una suspensión que es lo más logrado de la obra: no es tanto lo que se cuenta sino lo que se intuye. El horror se halla entre líneas, pero no por ello se encuentra más suavizado. Una simple persecución con perros de presa en medio de la noche aparece ante el lector como una orgía de violencia, narrado de forma precisa y sin embargo trufada de elipsis, como si la imaginación pudiera ser más dañina que las meras palabras.

Hay un gran poder de convicción en esta novela. Su forma de ser relatada es especialmente sensible, como si estuviera narrada por un ser ingenuo que no termina de creer los hechos que cuenta. Es este punto de vista inocente lo que concede a la narración una categoría mítica y lo que la caracteriza sobre otras novelas. Sobre los acantilados de mármol es de esas novelas en las que es más importante cómo se cuenta que lo que propiamente se cuenta, y ahí reside la gran virtud del autor.

Quizá por ese carácter simbólico, algunos han querido ver en esta novela un presagio de la 2ª Guerra Mundial, y en el personaje del Guardabosques mayor la figura de Hitler. Es posible. Pero no podemos olvidar que Jünger fue oficial nazi en la 2ª Guerra Mundial, y que ya desde la Gran Guerra sus opiniones -y acciones- a favor de la violencia eran conocidas; de hecho, es el autor de una de las novelas más atroces que se han escrito sobre la 1ª Guerra mundial, Tempestades de Acero, cuya ostensible defensa del belicismo pudimos reseñar en estas páginas.

¿Una doble personalidad? ¿Un alegato contra la guerra en alguien que antes y después la defendió y actuó en ella? Es preferible quedarse con el relato tal como ha llegado a nosotros, confiar más en la literatura que en la hermenéutica. Afortunadamente, su poderoso encanto está por encima de la más intrincada de las interpretaciones.

Sobre los acantilados de mármol. Ernst Jünger. Tusquets Editores.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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