El final del desfile. Ford Madox Ford: Esperanza y gloria

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El que tiene por costumbre reprimir las emociones se coloca en desventaja en los momentos de gran presión inesperada. El escritor británico Ford Madox Ford (1873-1939) imaginó una historia muy inglesa, en las que las cuestiones menos importantes de la vida se afrontan de forma impecable sin inmutarse por nada, mientras que en los momentos de confrontación, los personajes se vienen abajo. Así escribió El final del desfile (1924-1928) una monumental novela que se desarrolla antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Lo que viene a exponer Ford Madox Ford es la caída estrepitosa de un mundo, el victoriano, que se ve arrastrado por la vorágine de la Gran Guerra y queda destrozado para siempre. Aunque la novela se editó en un solo tomo, en realidad se trata de cuatro novelas cuya lectura no es independiente, sino que entremezcla la fabulosa historia de unos personajes que quedan de forma indeleble en la mente del lector.

Ford Madox Ford y “El final del desfile”

Para quien guste de la novela inglesa, bien contada y estructurada, clara y rotunda, este libro es un festín. Para quien además quiera conocer más de la peculiar forma de ser de los británicos, se trata de una novela de obligada lectura. Desde el primer momento, Ford Madox Ford nos introduce en unos personajes que solo pueden ser británicos: Christopher Tietjens pertenece a ese tipo de clase que administra el mundo de su época. Él mismo se llama el último conservador y los demás opinan de él que está destinado a lo mejor. Pero Christopher carece de ambiciones, con ese desaire que te permite descuidar tu atuendo, las amistades que frecuentas y las opiniones que profesas. Se ha casado con una mujer bellísima y con posibles, como buen conservador, y domina lo bastante los sarcasmos y los desdenes para que lo escuchen cuando habla. Su matrimonio, sin embargo, no es feliz: su mujer Sylvia se ha escapado con un tipo a Francia y él, sin embargo, no hace nada por recuperarla. Cuando ella, cansada, vuelve a su casa, no solo oculta el hecho y descarta el divorcio, sino que asume la culpa de unos actos que no son suyos.

La relación entre Christopher y su mujer Sylvia es antológica. Escribió Graham Greene que Sylvia representa el carácter más intensamente diabólico de toda la novelística del siglo XX, y realmente no exageraba. La novela contiene las suficientes infamias y vilezas protagonizadas por ella como para considerarla un personaje realmente diabólico. No obstante, la inteligencia de Ford Madox Ford estriba en que esas vilezas son las que precisamente van encaminando la acción hacia un lugar no esperado por el lector, lo que acrecienta la intensidad de la trama. Christopher Tietjens será vilipendiado y despreciado por los que le rodean por la cantidad de difamaciones que su mujer vierte sobre él. Pero el carácter inglés es así de extraño, y él, anclado en su vetusto mundo de apariencias, ni se inmuta. Esta novela contiene mucho humor, un humor negro y soterrado, que se desprende de esa lucha personal entre el bien y el mal que siempre resulta fascinante. Para complicar las cosas, Christopher se encuentra con una chica sufragista, pobre y culta de la que no sabe si se ha enamorado o no, pero que provocará nuevos ataques furibundos de su querida esposa.

Cuando todo parece que se va a desarrollar en un ambiente inglés exquisito, estalla la guerra, y Christopher no duda en alistarse para encontrar algún agujero en el continente donde esconderse de tal confusión de sentimientos. Aquí es donde la novela crece hasta una altura impresionante y se vuelve inolvidable. Pocas veces se ha escrito en el siglo XX sobre la guerra con la lucidez con que se hace en este relato. El escritor muestra a los soldados como meros juguetes y sus agonías como meras ocasiones para poner una frase ocurrente en los discursos de unos políticos sin corazón ni inteligencia. Los soldados rasos forman una masa parduzca enterrada en el barro, ahogada por la claustrofobia de las trincheras y de los gases, asustada por los estallidos de los obuses y la amenaza de la noche. Pero no se esperen la crudeza de la guerra en toda su plenitud, sino algo mucho más espantoso: el relato de la espera. La guerra es una continua espera: esperas y esperas y pasas el rato y después otro rato, y esperas a que lleguen las bombas de mano, o la mermelada, o unos generales, o unos tanques o a que despejen el camino.

Esos momentos somnolientos, impasibles, inhumanamente largos, metidos en un refugio o en un túnel, son los que presenta magistralmente Ford Madox Ford, y con ellos los deseos de los soldados, su esperanza que muchas veces es, simplemente, pasar la noche, o que no le hieran en los ojos para poder ver a sus novias cuando vuelvan del frente. Hay en El final del desfile un alegato a favor de los seres humanos que sufren y que se ven zarandeados por el destino o la Historia. Hay en este libro una mirada sensible y compasiva por el dolor y la tragedia, por la muerte y por la esperanza, sin beaterios ni sentimentalismos.

Como una paciente y silenciosa tela de araña, se va formando la trama de esta novela singular que se desarrolla como una sinfonía y que no se puede dejar de leer hasta el final, porque hasta ese momento no se llega a comprender con plenitud toda la historia. Cuando se alcanza la última página, el lector tiene la sensación, no sólo de haber leído una magistral novela, sino de haber participado en un ámbito temporal distinto que te arrastra en la lectura como solo pueden hacer los grandes relatos de la historia.

El final del desfile. Ford Madox Ford. Debolsillo.

Otras obras de Ford Madox Ford:

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El buen soldado. 1915

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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