El primer hombre, de Albert Camus: Camus buscando a Camus

Portada de El primer hombre, de Albert CamusPocos escritores han sabido reflejar tan bien como Albert Camus los problemas del hombre de su tiempo, y poner a la vez los cimientos para la comprensión de las futuras generaciones. Profundamente preocupado por el desarrollo social y político de Occidente, Camus no solo es un autor con profundas trazas éticas y políticas, sino también filosóficas y metafísicas. Todas esas vertientes se reflejaron nuevamente en El primer hombre, su inacabada última novela.

El manuscrito original de El primer hombre fue encontrado en el mismo coche en el que murió el escritor en el año 1960. Garabateado con su letra mala y rápida, resultó prácticamente ilegible. Y fue gracias a la ayuda de su hija que, finalmente, la obra vio la luz en el año 1995. Acercarse a esta novela exige al lector superar una serie de reticencias de las que debe ser consciente. Por un lado, los aspectos formales y narrativos no están, evidentemente, tan pulidos como en otras obras. De la misma manera, el argumento no tiene el mismo peso que puede tener en otros textos, puesto que no fue sometido a correcciones. Y algo similar sucede también con la propia narración, que no llega a estar terminada.

La novela se considera claramente autobiográfica. De hecho, El primer hombre es, sin lugar a dudas, el libro más personal, el más íntimo, el más abiertamente sentimental de Albert Camus.

El protagonista es Jacques Cormey, un niño que pierde a su padre en la Primera Guerra Mundial, a la edad de un año. Este será, como veremos luego, uno de los ejes fundamentales en torno al cual se articula la novela. Se va a Argel con la madre, una mujer sorda y analfabeta, pero con un carácter especialmente fuerte y con una alta capacidad de trabajo. El resto de la familia la completan su abuela y otros dos hermanos, uno de ellos con deficiencias mentales.

A partir de aquí, se articularán tres diferentes hilos narrativos que formarán el sentido último de la novela. Por un lado podemos encontrar la relación fuerte e inusual que existe entre Jacques y su madre. Principalmente, ella es una figura que ayuda mucho al personaje a construirse a sí mismo. Es decir, a desarrollar sus habilidades, ofreciéndole un evidente suelo de humildad, pero también haciéndole aprender lo difícil que es venir de una clase tan baja en un mundo tan elitista.

Un segundo hilo en el argumento podemos encontrarlo en torno a la figura ausente del padre, evidentemente, el primer hombre en la vida de cualquier niño. Esa especie de búsqueda se articula como un rastreo por la personalidad del varón fallecido. Pero Jacques tiene también esa figura subconsciente con la que no llega del todo a reconciliarse. Un elemento del que hablaremos más adelante.

Finalmente, el tercer elemento lo podemos encontrar en el fútbol, pasión confesa del propio Camus. En la novela es un elemento de conflicto con la abuela, pero también un campo en el que experimentar y en el que desarrollar sus habilidades. A través de los partidos con otros niños aprende mucho sobre lealtad, juego, esfuerzo y sobre cómo los humanos se relacionan. Camus aseguraría, más adelante, que buena parte de sus pensamientos originales sobre moral y ética se los había dado el fútbol.

El tema principal de El primer hombre es el del crecimiento de Jacques y su desarrollo como persona. Camus regresa en esta obra a su infancia, al descubrimiento de la vida y de la solidaridad de la gente incluso en un entorno de pobreza muy poco favorable. Esa forja de Jacques como persona está implícita en las lecciones de humildad que recibe de su madre y de su abuela, en la dignidad que demuestran para sacar adelante a una familia, en los sacrificios que son capaces de hacer para que el joven Jacques salga adelante, pero también hay un bellísimo homenaje de Camus a la figura del maestro, como aquel que supo ver en el joven Jacques un diamante en bruto y luchó porque pudiese obtener las becas con las que el chico conseguiría continuar con sus estudios, los problemas que eso generó en su entorno y la forma en la que Jacques supo crecer aprovechando las mínimas oportunidades que recibió. A medida que se va desarrollando como persona, en su interior no deja de realizar esa búsqueda de la figura de su padre. Esa búsqueda no se trata tanto de masculinidad, sino más bien de identidad y adultez. Precisamente, el giro más interesante que sucede es el siguiente: a medida que busca esa figura paterna, él solo se va convirtiendo en un modelo de persona al que mirar. Se construye a sí mismo sin necesidad de un modelo claro al que imitar.

A Albert Camus se lo suele inscribir como un autor del existencialismo francés, un movimiento cultural y filosófico que aglutinó a buena parte de los intelectuales del país de los años 40 y 50. Después del vacío de valores y del horror que había dejado tras de sí la Segunda Guerra Mundial, eran muchos los que se habían preguntado por el sentido de una existencia que se podía terminar con tanta facilidad. Albert Camus fue uno de ellos. Sin embargo, más que como un existencialista, me gusta definir a Albert Camus como un humanista, o como un intelectual que desarrolló un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana y que  se hace unas nuevas preguntas sobre la existencia. Precisamente, El primer hombre, pese a estar inconclusa, muestra ese telón intelectual de fondo, el de la búsqueda de algo superior. Y, precisamente, gracias a esa búsqueda, es como Camus logra generar un patrón propio, el que precisamente se había desdibujado debido a ese caos y a esa tragedia que supuso la Segunda Guerra Mundial. No en vano, la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy».

En conclusión, pese a estar inacabada, El primer hombre es una novela de imprescindible lectura en donde podemos encontrar los elementos fundamentales del pensamiento desarrollado por Albert Camus. Un pensamiento que, según podemos deducir de la lectura de esta obra, ha estado totalmente condicionado por su infancia, por su madre y por su maestro. El primer hombre condensa de forma magistral el resumen de una vida y el germen de un pensamiento, el de Camus, un hombre perplejo ante la naturaleza humana, pero agradecido por haber logrado superar la adversidad a la que su destino, en principio, le había empujado. Todo un ejemplo de vida, de lucha, de moral y de compromiso.

El primer hombre. Albert Camus. Tusquets.

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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